Anatomía de un ángel hembra/ Pedro Andreu

 

ANATOMIA DE UN ANGEL HEMBRA

 

nº II Colección Poesía Palma de Naranja

PVP: 10Comprar libro
ISBN: 978-84-612-0814-2

(144 páginas. Encuadernación rústica cosida)

*2ª EDICIÓN

Reseñas (1), (2), (3), (4), (5), (6)

Cuaderno de viaje "Anatomía de un ángel hembra"

 

“Carta a modo de prólogo”

Leí tu carta que acompañaba el envío del poemario “Anatomía de un ángel hembra” y en la que me comunicabas tu deseo de que escribiera un prólogo para él. A pesar de las dudas de mi capacidad para esa tarea, no soy una experta en poesía, la carta  era  tan sugerente que me condujo a leer tu “biobibliografía” que me condujo a leer tu poemario, todo de una sentada. No lo hice así urgida por el compromiso ni mucho menos, lo hice porque me gustaban tus palabras, el sentido que les dabas, la libertad de tus frases, de tus construcciones, la magia que con ellas creabas. Me ocurrió lo mismo que me ocurre cuando voy a una exposición de pintura que me atrapa y estoy deseando llegar a casa y ponerme a pintar, no a pintar lo que he visto ni nada semejante, a pintar porque una buena pintura me despierta las ganas. Con tus poemas me ocurrió lo mismo en escritura. Pensé que se habían acabado las vacaciones que me estaba concediendo después de la última novela, y que me urgía ponerme a escribir. Me acerqué a la Casa de Cultura de Majadahonda y pedí tu libro “Partida entre canallas” porque tenía ganas de seguir leyéndote y conociéndote como poeta. Recordé que en el año 2001, cuando ganaste con este poemario el “Premio Blas de Otero” del Ayuntamiento de Majadahonda, recibí una llamada desde Mallorca de nuestro común amigo, el escritor Avelino Hernández, para que no dejara de ir a escucharte en la presentación del premio. Me habló con enorme entusiasmo de tu poesía diciéndome algo así como lo que después escribió, que eras un creador profundo y diferente, osado y sin tapujos, que usabas las palabras como queriendo hacer daño, fiel sólo a ti mismo y a tus versos.  (...)

(Del prólogo de Cristina Cerezales)

 

 

“Ángeles caídos en golfemia”

"Este manojo de poemas rabiosos, perpetuamente enamorados, ebrios, lúcidos, altivos y tensos como dos adolescentes desnudos y anudados bien en una cama siempre deshecha, bien en la intimidad áspera y oculta de un campo de girasoles son mucho más que unos poemas intensos o letras de canciones que uno compone tras una ruptura con esa Laura petrarquiana vuelta del revés y hecha jirones por el verbo violento, tierno, crudo de este poeta mallorquín, incomprensiblemente obviado por la crítica y por los literatos de estos lares. Si digo que estos poemas rezuman verdad por los cuatros costados y vientos no diré gran cosa. A lo sumo, una ostentosa perogrullada. Pero cuando en poesía o en arte hablamos de verdad nos estamos refiriendo a esa lectura emocionada, a esa vibración constante que nos procuran estos versos escritos a la cara, contra viento y marea. El poeta, a pesar del aserto pessoano –el poeta es un fingidor- no sacrifica la emoción concreta por el alarde verbal. Con esta lectura he recuperado viejas sensaciones. Una de ellas es la de asistir a una especie de parto en directo, a una insurgencia emocional y arrebatada que amenaza en ocasiones con desbordar el recipiente, pero que sabe mantenerse y sostenerse gracias a la autocrítica, a la ironía que practica el propio poeta para consigo. El mismo Andreu lo explica a la perfección, en plan alquimista, en el muy buen post scriptum: Este libro fue mierda y oro, viene a decirnos. Y lo cierto es que uno se queda con esa potente impresión: la de que este poeta poetiza como muy pocos pueden y saben hacer la propia mierda. Ese sentirse mierda, polvo, fango que todos, por el mero hecho de vivir, conocemos, Pedro Andreu lo poetiza hasta hacernos cómplices de ese poeta de alas quebradas, recién caído de bruces sobre un charco en plena madrugada o comiendo un clítoris fugaz, maldiciendo y celebrando esos cuerpos de mujeres que van y vienen y a veces se quedan un rato con nosotros para luego irse y dejarnos un siete en el corazón, en la camisa, en el hígado. Pues aquí hay alcohol, porros y noche, ojos turbios e incandescentes que se cruzan por unos instantes. Pero también hay salud, sol, mar, cuerpos desnudos que se abrazan en una cala del sur de esta isla, y desayunos que sólo un hombre perdidamente enamorado puede hacer y servir a una loba que aún duerme, vencida, dilatada, ronroneante de sueños. Puro paganismo. Aquí hay poemas que parecen canciones, letras que cualquier banda con sensibilidad compraría al poeta. Hay algún serio aviso a los clásicos: “El kif es mi mentira, esta pipa una excusa, y Petrarca ese imbécil que pretendió encerrar tus caderas elásticas en rígidos sonetos.” En muchos casos, el poeta es un hombre hecho trizas que, sin embargo, resucita con más ímpetu para volver a morder el polvo, la misma carne amada o accidental, y darse de bruces contra lo que de verdad importa: la vida, la puñetera vida. Para el final, el poeta nos reserva dos nanas demoledoras. Las muertes de su abuelo y de su padre tiran de todo su potencial poético para ofrecernos uno de los poemas más emotivos y logrados que versan sobre este peliagudo tema de la desaparición de un ser querido. La muerte del padre reúne a la familia. Les dejo con un verso: “A mis hermanas la menstruación se les cortó de golpe en las entrañas.” Yo he sentido, exceptuando la menstruación, algo similar leyendo estas nanas negras. Pedro Andreu firma como juglar en paro. Espero que no dure. Pedro Andreu sigue padeciendo esa enfermedad crónica llamada poesía. Espero que no se cure."

José Vidal Valicourt

 

 

 

Pedro Andreu

Nace en Palma en 1976. A la edad de dieciocho años, se autopublica la plaquette Mar de Plomo (Ediciones Subterráneas, Palma, 1995) y participa en la creación y dirección de la revista literaria universitaria El Arte de Marear. Cursa Hispánicas, pero pronto abandona los estudios para darse a la calle y la libre pobreza. En 1998 queda finalista del Primer Concurso Internacional de Poesía Joven Antonio Carvajal, organizado por Hiperión, aunque no ve publicada su obra. Ese mismo año comienza su fraternal colaboración con el colectivo Comerciantes de Nubes, en cuya revista, Les màquines de Leonardo, se le dedican dos números: Poesía (1998) y De amor, anemia y cambalache (2002). En 1999 fija por cerca de dos años su residencia en Sudamérica, donde alterna sus labores de cooperante internacional con la creación literaria. En el año 2001, ya en España y mal dejado a la golfemia, gana el XII Premio Nacional de Poesía Blas de Otero con Partida entre canallas (Colección Julio Nombela, Asociación de Escritores y Artistas Españoles, Madrid, 2001). Desde entonces ha colaborado con poemas en diversas revistas literarias, como Marginalia (Buenos Aires), La Hamaca de Lona (Madrid), Alhucema (Granada) o Voces (Asunción). Han aparecido textos suyos en las antologías La casa del poeta (Editorial Sloper, Palma, 2007), Trentacuentos (Casabierta Editorial, Palma, 2008), 20 años del premio Blas de Otero (Colección Julio Nombela, Madrid, 2009), El Último Jueves (Ediciones Calima, Palma, 2011) y, bajo los pseudónimos de Travis Ortega y Diosnel Saldívar, en Les màquines de Leonardo (Casabierta Editorial, Palma, 2010). Sus últimos poemarios publicados se titulan Anatomía de un ángel hembra (Casabierta Editorial, Palma, 2008) y El frío (VII Premio Café Mon. Editorial Sloper, Palma, 2010). Es autor, además, de diversas reseñas de crítica literaria, guiones de audiovisuales y del prólogo al poemario El septiembre de nuestros jardines de Avelino Hernández (Casabierta Editorial, Palma, 2005). Acaba de publicar su primera novela: El secadero de iguanas (I Premio Internacional de Literatura Fantástica. Portal Editions, Vitoria, 2011). Hoy en noche ejerce de juglar en paro, de nombrador de cosas raras y se gana los panes en un albergue de acogida e inserción laboral.

 

 

 

 

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